Inspirado en Humberto Giannini
“La reflexión cotidiana” ED. Universitaria. Chile 1999
Conocer al hombre
en cuanto educable, es conocer su existencia real, esa existencia que se hace
día a día, en un entretejido de hechos cuyo sentido debemos ahora indagar. Se
nos ha dado el ser personas con la misión de tener que descubrirnos y
realizarnos como tal; ello no es fácil, cuando no tenemos o no nos damos la
oportunidad para hacerlo. Nos ha correspondido existir en un mundo; un mundo
conformado por espacios habitados que aparecen como posibilidad y reto. ¿Cómo
describiríamos este mundo?
Humberto Giannini
formula una arqueología de la experiencia cotidiana, un camino o método
fenomenológico que irá tras los principios (arque= principio; arqueología=
estudio de los principios) que nos permitirán dar cuenta de nuestro existir…
Cotidiano, nos dirá “es lo que pasa todos los día”. ¿Cuál es el modo de pasar
que caracteriza nuestra vida pasajera; en su vertiente espacial –topografía de
lo cotidiano – y temporal -cronología de lo cotidiano?
Somos seres de
ruta: la ruta es un movimiento rotatorio, recurrente. La ruta describe un
espacio y un tiempo que si saben ser vividos, no tienen por qué caer en lo
rutinario. La rutina es ese trayecto rotatorio global por el que transcurre
nuestra existencia mientras no ocurre ningún acontecimiento que rompa la
rutina.
TOPOGRAFÍA DE LO
COTIDIANO
Domicilio - calle –
trabajo (escuela – universidad) - calle - domicilio…
Con el término
topografía de lo cotidiano, Giannini se refiere a una descripción de los
lugares que conforman nuestra ruta de vida.
Topos= lugar; grafía= escritura, descripción.
Domicilio: Somos seres domiciliados. La casa
nos separa del mundo público, es el lugar para el recogimiento cotidiano, donde
puedo darme el lujo de ser yo; yo en la intimidad o privacidad de nuestro amor.
Mi domicilio está conformado por mi o nuestro espacio que habito o habitamos
–vestimos- con mis o nuestras cosas; mi o nuestros tiempos disponibles para
acogerte, acoger a Dios o a mis invitados al hogar.
Mi domicilio me da
continuidad, seguridad de pertenencia y permanencia, asegura mi identidad, me
permite reposar. El domicilio es el lugar para la reflexión (regreso a sí;
flexión sobre sí); punto desde el cual me preparo para aventurar en el mundo y
al cual puedo regresar como a lo mío.
La calle: Es el lugar de tránsito que me
lleva desde mi domicilio a lo otro; es el lugar de trámite, de pasar, de camino
hacia o de regreso; es el medio de circulación ciudadana. La calle es el
espacio de todos y, por lo mismo, de nadie; en ella soy un hombre más, que pasa
indiferente al lado de otros indiferentes. Pero la calle también es el espacio
para hacer presente o mostrar lo que a los transeúntes pudiera detener e
interesar: propaganda, vitrinas, manifiesto mural o protesta que intentan
invadir las conciencias desprevenidas del que va transitando.
La calle puede
ser también un lugar para el encuentro o reencuentro ocasional; puede ser
espacio para el desvío o extravío del transeúnte que puede distraerse,
atrasarse. La calle es siempre “lo abierto”; lo que me da la posibilidad de
“tomar otro camino”. Un entramado, apenas visible de normas, deben ser acatadas
para prevenir que “pase algo” de tal forma nuestra ruta sea expedita y no se
rompa la rutina, asegurándonos llegar a nuestro destino.
El trabajo, la
universidad, el instituto, la escuela: El ser humano necesita trascender, servir a los demás;
realizarse y ser reconocido como tal.
Para ello se prepara..., cada vez debe estudiar más y enfrentar diversos
retos..., superar calificaciones, no
perderse en el "tener que ganarse la vida". Las relaciones, a veces dificultan el crecimiento personal: jefes,
profesores, compañeros, subalternos, familia...
Trabajo, escuela, universidad, ... son lugares para ser ante otros; son
lugares públicos que se distinguen por la búsqueda de un bien común.
Abandonamos el
domicilio -lugar para la vida privada y la intimidad- para ir a trabajar o
estudiar. Cada lugar público tiene una
finalidad y ello requiere de una actitud y disponibilidad que sepa de respeto
al bien común y al servicio público. Una es la actitud en un pub, otra en una biblioteca,
hospital, escuela, club deportivo, estadio, templo... Incluso, con las mismas
personas, debemos comportarnos acorde el sentido que tiene el lugar que
compartimos: Aunque sea el amigo o el hijo, en el lugar de trabajo o escuela,
el vínculo es de jefe, subordinado o compañero de tareas; profesor, alumno,
apoderado..
Se trata de
lugares donde la comunicación es vertical, jerarquizada: el jefe, el profesor,
el cliente…cada persona es vista en su función de su quehacer público: No da lo
mismo que al paciente lo opere, el enfermero, arsenalero, secretaria
administrativa o aseador. El médico cirujano asume la responsabilidad y cuida
las jerarquías.
La jerarquía
cuando es justa, cuando responde a la complementariedad de las capacidades,
saberes, vocaciones, etapas de vida o trabajo, estudio... son beneficiosas para
todos: indican armonía, seguridad, convivencia en paz. El problema surge, por el contrario, cuando
priman los indicadores de poder por sobre toda razón; los logros por sobre toda
realización. No sucede así, en el trabajo o estudio que da lugar a la
realización y al servicio personal como unidades que se fecundan
reversiblemente.
CRONOLOGÍA DE LO
COTIDIANO
El tiempo civil o
convencional de relojes y calendarios, es el que todos acordamos para programar
nuestros ocios y negocios o trabajos, para dividir y hacer con-mensurable la
historia de la humanidad.
El emperador
Constantino, el año 321, sancionó la semana hebraica y ordenó el reposo
dominical. Desde entonces se establece un itinerario septiforme de recogimiento
y expansión; de reposo y trabajo. El domingo es una pausa de recogimiento, de
reposo domiciliario, un tiempo de reflexión para no perderse en el tránsito, en
el ser para otros sin ser si mismo. Generalmente, el tiempo de trabajo, es el
tiempo ferial; el tiempo para hacer algo, para… adquirir, arreglar, presentar,
tramitar, preocuparnos y ocuparnos de la feria…donde vendo o arriendo mis
capacidades; donde compito, donde debo postergarme y ganar lo suficiente para
fuera del día de feria, fuera del trabajo, en el domingo, en el domicilio,
estar disponible para mi mismo.
Días de fiestas y
domingo, son el punto reflexivo temporal; días para el reencuentro consigo, con
los demás, con la naturaleza, con Dios; son tiempos para salir del olvido y del
anonimato; tiempo para la conversación, para atesorar y narrar lo digno de ser
recordado, contado.
ESPACIOS Y TIEMPOS QUE
DETIENEN LA RUTINA PARA NO CAER EN LO RUTINARIO:
La plaza: es el lugar para restaurar la vida
ciudadana, interrumpir la linealidad de la calle y detenerse para habitar la
ciudad o pueblo; es el espacio reflexivo de la comunidad; el lugar para el
reencuentro ciudadano; para dejarse ver, saludar; para dejar de ser pasajero de
la calle y hacer ciudad junto a los demás. A la plaza se vuelve periódicamente;
en ella se congregan los grupos con intereses públicos comunes: escolares,
universitarios, políticos, religiosos, deportivos, etc. para simplemente gozar
del encuentro. Cada ciudad o pueblo tiene una plaza central desde la cual se
construye y habita; sin ella, la ciudad sería tan sólo un conglomerado de
domicilios. La plaza no es sólo un espacio; se viste para acoger. La vida en la
plaza se muestra con todo su vigor el día domingo; en la semana sólo la buscan
algunos jubilados o se detienen por algunos momentos algunos escolares.
El mall: Actualmente, los grandes centros
comerciales, ocupan mayores espacios que, además de tiendas, contemplan café,
restaurante, cines, amplios espacios para el encuentro, el paseo, la
distracción. Su gran auge, tal vez se
deba a la presencia de guardias, que dan a la familia una sensación de mayor
seguridad con respecto a las plazas, parques y otros lugares abiertos. Es fácil ver a personas de diversas edades,
solas o en grupos familiares que no compran sino pasean por el mall.
El bar o el café: El bar o café es el lugar para
reunirse públicamente con los amigos, sin perder la privacidad; por ello estos
lugares no tienen un centro; pues su misión es dar lugar a los rincones, a la
posibilidad de arrinconarse, a generar lo que Giannini vivencia como “pequeños
universos conversatorios cerrados” y otro como “núcleos confesionales”.
Por
ello hay que saber ir a un café a un bar; saber a qué se va y cómo, de tal
forma no transgredir los espacios ni despersonalizarlos. En el bar o en el
café, el tiempo mundano se detiene para dar espacio a un tiempo que se
personaliza, se habita, se hace íntimo… porque convivo, porque creo un ámbito
de vinculación; porque volvemos a ser nosotros, porque nos hacemos un tiempo
para decir lo no dicho, expresar nuestros sueños inconfesables al simple
público, jefe, funcionario, compañero de estudio o trabajo. Son lugares
propicios para hacer confesiones; para dar testimonio de lo vivido.
En la
ruta diaria trabajo-domicilio, nos encontramos con la posibilidad de detenernos
en el café o en el bar. Pero, insistimos, que hay que saber estar, existir en
ellos; pues el hombre puede degradar su existencia en cualquier punto de su
ruta; es más, en su propio domicilio.
IMPORTANCIA DE LA
COMUNICACIÓN, DEL LENGUAJE, EN LA VIDA COTIDIANA
Cuando el
diálogo que es formativo se suplanta por el lenguaje informativo: Un diario
tiene por oficio llevar la noticia, aquello que quebranta el pasar esperado,
rutinario: el accidente, la violación en una calle o, peor, en el domicilio, la
inclemencia del tiempo o la naturaleza que inesperadamente nos deja sin
domicilio. El problema es cuando la información se tiende a volver rutinaria
porque hemos perdido nuestro carácter formativo, nuestra sensibilidad, la
capacidad de asombro, de crítica, de generar, de ideal, de valorar. ¿Es que ya
no anhelamos formarnos, ser mejores; es la información sólo como curiosidad y
no como descubrimiento que busca entender, saber, valorar?
El lenguaje meramente informativo es lineal,
no da espacio al encuentro, a la fecundidad, a la reflexión; es ferial:
vocifera; se mueve por el principio de la eficacia, busca transmitir, invadir
nuestra conciencia.
Cuando hay
encuentro, respeto, la información se entrega sin invadirlo, con amabilidad,
como una propuesta o invitación a re-crear, a re-pensar, re-plantear. Es cierto
que muchos momentos de la vida –una operación, una huida ante la avalancha
intempestiva, un estado de guerra- requieren de instrucciones dadas por quien
toma el cargo y, por lo mismo, asume la responsabilidad; el problema es cuando
la información suplanta o invade los espacios y tiempos que debían ser para el
diálogo, para el encuentro, la reflexión: domicilio, universidad, plaza, bar,
templo y otros.
El diálogo
suspende la rutina; incluso para hacerla más eficaz pues el diálogo siempre es
fecundo. El diálogo tiene como condición, como requisito que existan los
dialogantes, esto es, personas únicas, que tienen una perspectiva de existencia
porque existimos desde una intimidad única que se enriquece en la convivencia
reflexiva y sobrecogedora; precisamente porque el otro me expone lo diverso; lo
que yo desde mi existencia no había captado. Para llegar al diálogo hay que quererlo;
hay que convocarlo y ser capaz de tener la apertura y la generosidad para
acoger; la valentía para gracias a ese diálogo reconocer muchas veces que mi
perspectiva era errónea. El diálogo puede ser drama o comedia; pero en todo
caso me apela, me pone en juego, me saca de lo rutinario que por anodino se
vuelve muchas veces invisible y que, anquilosado o encostrado, ya no sentimos y
por ello nos hunde sin que lo intentemos superar. El diálogo ha de regirse por
el principio de verdad, de superación.
La polémica
degrada el diálogo: la polémica surge con afán de poseer, dominar, no escuchar,
sacar provecho, abatir, derribar psicológica o físicamente. Puede se una
polémica que surja espontánea o prevista, premeditada. La polémica busca el
enfrentamiento, el encontrón, el conflicto, el culpar al otro al que ve como
enemigo o competencia. El polémico no va a dialogar, va a ganar, a salir airoso
y llamar la atención porque la polémica es bulliciosa.
LA NARRACIÓN COMO
OBSERVACIÓN DIALÓGICA DEL PASADO
La narración da
cuenta de algo, describe lo que pasa. Narramos lo que ha pasado; aquello que se
hace presente en el recuerdo y lo comparto a través de la palabra. Por ello, la
narración es insustituible en el conocimiento de nuestra biografía personal y
de la historia del mundo.
Así, para
comprender los actos de una persona, necesitamos su narración de los mismos y
la interpretación de sus intenciones. Se narra la existencia que es
transcurrir; siempre novedad y recuerdo; en cambio, el conocimiento de las
leyes naturales, repetitivas, inconmovibles, no se narra sino se describe y
explica en el quehacer científico. Se narra para encontrarnos con el otro, para
dialogar.
Muy distinta es
la explicación científica a la conversación: Se hace ciencia para entender lo
que estudiamos y, si se dialoga con el otro científico o estudioso, no es él
foco de atención sino la realidad en estudio.
LA DEGRADACIÓN DE LA
VIDA COTIDIANA: UN RETO PARA EDUCADORES.
Si la existencia
cotidiana, si nuestro domicilio y ruta se degradan, nuestra existencia cae en
la degradación, en el vértigo. Si el domicilio no es un espacio para la
reflexión, si él no me acoge, si no me asila del mundo; si con quien convivo en
el domicilio no entro en diálogo, no hay encuentro; si no soy capaz de fundar
mi o nuestro hogar, caigo en la desolación, huyo del que está allí porque lo
siento ajeno y un impedimento para ser yo. Las cosas me son ajenas, no me dicen
de ni o de nosotros: me invaden. Entonces me aburro y busco la evasión en
cualquiera de sus formas o me violento agrediendo a los que se encuentran en mi
retorno cotidiano y aparecen como obstáculo: el aborrecimiento es una forma
exaltada de aburrimiento.
Si el trabajo se
transforma en un espacio que me asfixia, que me despersonaliza y rebaja a puro
medio, si no me reconoce como persona, si a él voy como a aquello inevitable y
única forma de tener lo indispensable para subsistir o si fascinado por la
avaricia o poder voy a él como a un engranaje de eficacia sin más, al servicio
de mi pasión: caigo en el desgano que me puede llevar a la acidia, depresión, o
en el vértigo del envilecimiento que me convierte en un desalmado.
Aburrimiento,
acedia, inhospitalidad, envilecimiento expresan la degradación de la vida cotidiana,
de la rutina que se vuelve rutinaria: Domicilio, calle, bar, plaza, trabajo,
escuela, Universidad, entre otros, se vuelven inhóspitos porque el hombre se
volvió inhóspito y se perdió a sí mismo en la automatización, la masa, la
indiferencia, la pérdida de los ritos, la conectividad, la rapidez y la
furia...

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