Lilian Arellano Rodríguez
Debemos conocer la realidad, para direccionar nuestra creatividad y
optar por aquellas respuestas que impliquen “cultivo de” y no “destrucción de”: Dar la espalda a la realidad es una
actitud suicida y homicida de la cual somos inevitablemente responsables. Así,
es suicida quien construye castillos en el aire, desconociendo el terreno; pues
proyecta un futuro sin considerar la verdadera realidad. La imaginación pueril
como es sabido es la que se pierde en ensoñaciones sin punto de apoyo en la
realidad. En el film “La Carnada” de
Bertrand Tavernier, los jóvenes proyectan, sin más, en menos de un año montar
un negocio y hacerse millonarios… Son tres jóvenes; sólo uno de ellos –ella-
trabaja atendiendo una boutique; se dan cuenta que así no juntarán el dinero
necesario y han proyectado todo para “ahora, pronto”… Idean que ella atrape
hombres millonarios; cuando la lleven al departamento, será cuestión de dejar
la puerta abierta… ellos entrarán y sacarán el dinero… Resultado: un cruel
asesinato pues no se convencen que la víctima no tenga dinero donde vive:
emplean la fuerza para intentar hacerle hablar... Son tomados presos, navidad será la próxima
semana… Ella, al ingresar a la comisaría y ver que el jefe de policía usa una
costosa lapicera… saca un papel para
averiguar su teléfono…; aún piensa que el plan puede resultar y ser ricos antes de navidad. Por lo mismo,
el niño, en su inocencia, a fuerza de imaginar sin fundamento real que
es Superman, se lanza por la ventana de un alto piso… Es un niño (un crío)… es
nuestra responsabilidad. No es lo mismo
crianza que educación. La educación
requiere de la capacidad de discernir entre lo aparente y lo real, deducir las
consecuencias y, luego, elegir… En la
crianza, el adulto (padres, profesores, médicos) deben elegir lo mejor, lo que
es bueno para el crío y evitar lo que realmente es nocivo para él.
La imaginación creadora, madura, en
cambio, se nutre de la realidad y trata de mejorarla o transformarla, pero
considerando la naturaleza de ésta, su propia realidad, los condicionantes y
las consecuencias de su acción. Tal es
tu real capacidad –sus debilidades y fortalezas- tales son las oportunidades y amenazas a que
se deberá enfrentar,, tales son las condiciones del momento y tales las
consecuencias… Podrías tener capacidad
para pescar, bote, pero a lo mejor se anuncia un temporal o sería una
desconsideración hacerlo cuando están en peligro de extinción o temporada de
crías. Desconocer la realidad y
construir la existencia a espaldas de ella es suicida y «homicida»: un peligro
privado y público; bien porque, inmaduramente, proponen proyectos ilusorios,
que acaban en la frustración de todos los que ilusamente se alistan confiados
tras ellos; bien, porque inmoralmente se mueven en el engaño para propio
beneficio. Así, por ejemplo, es fácil
que los traficantes de droga, en un principio las regalen para crear la
adicción, pero ellos, en cambio, no las consumen; pues saben muy bien sus
consecuencias. En cualquier caso, por
ignorancia, inmadurez o engaño, se trata de un peligro privado y público. De ahí la importancia de, antes de tomar
decisiones, conocer la verdadera realidad, proyectarla…
Por eso conviene experimentar la
realidad cotidiana, informarse, recurrir a los aportes que hacen los distintos
saberes y echar mano de la experiencia ajena, a través de la literatura, el
cine, las artes plásticas, los medios de comunicación, la familia, los
educadores.
b) Debemos ser idealistas pero no utópicos o ilusorios: Un ideal es una idea de perfección
sobre nuestro ser, nuestra existencia y el mundo… Su origen es la misma
realidad, en cuanto desentrañada por una inteligencia que ha respetado su
ser esencial y, por lo mismo, vislumbra
caminos para su cultivo, esto es, distingue entre nutrientes y nocivos. Ninguna mente sana puede poner como ideal la
violencia, la inequidad, la desconsideración, la drogadicción, el abandono;
pues evidentemente son nocivos.
“Sería idealismo positivo considerar
que la historia humana se construye también con ideas e ideales, y que es puro
conformismo, dejación de humanidad, resignarse a pensar que no hay más cera que
la que arde, aferrarse con uñas y dientes a la vulgaridad y la ramplonería,
tachando de ilusos a cuantos intentan abrir nuevos horizontes. (…). Una cosa es
soñar utopías cuyo fracaso conduce a la frustración de los ideales por los que
nacieron, otra bien distinta ampliar el ámbito de la realidad posible, para
encontrar siempre ante cualquier problema una salida. Los enigmas excitan la
imaginación y la razón creadoras; las aporías, los callejones sin salida
bloquean las capacidades humanas y acaban matando el impulso vital.”, dice
Adela Cortina, catedrática de Ética y Filosofía Política, en la Universidad de
Valencia. (Cf.
http://www.zubiri.info/cortina.htm )
Quienes de espalda a la realidad
elevan una idea preconcebida como ideal, caen en un utopismo relativista,
direccionado por intereses particulares, por ansias de poder o dominio sobre la
realidad para su consumo o apropiación. Quienes dan la espalda a la realidad
intentarán por todos los medios promover una masa de hombres no pensantes, no
críticos, no creativos, sin ideales, sin convicciones morales: seres
manipulados pero no educados.
c) Para educar en responsabilidad, debemos educar desde la realidad de
un ser humano “situado”, que nos permita cumplir con aquellos tres momentos
éticos de que habla Ignacio Ellacuría: hacerse cargo de la realidad, cargar con
ella y encargarse de ella para que sea como debe ser.
Si queremos educar, debemos conocer
la realidad que viven nuestros educandos; cómo la experimentan, qué sentido y
valor le dan en el marco y horizonte históricos de sus vidas. Ser científicos
es ser investigadores, indagadores de la realidad misma: es en la realidad
donde encontraremos la explicación de lo que le acontece. Esto, que pareciera
obvio, a veces parece olvidarse; pues son muchos los que hacen discursos sobre
cómo educar sin mirar al educando real; sin interesarse por sus anhelos y
temores, sus penas, alegrías y esperanzas o desesperanzas. La hipótesis, la
variable determinada, la muestra, la fórmula estadística…; eficaces en el
ámbito del mundo predeterminado y lógico - matemático; dejan de lado, desde el
punto de partida, lo más esencial del ser humano: su toma de conciencia, su
libertad, su vocación de dignidad, su alma, su mismidad… Por ello, se acumulan
estadísticas y cientos o miles de investigaciones sociológicas sobre la pobreza
y el hombre sigue indigente; lo mismo acontece con la educación…y con otras
áreas humanas. Tratemos, entonces, de entender la realidad del educando, la
nuestra y el mundo real en que nos encontramos situados. No se trata de conceptos abstractos, ni de fórmulas
preconcebidas; sino de experiencias únicas que ocurren en la historia de vida
de personas también unas e íntimas.
c.1) «Hacerse cargo de la realidad» implica entender la situación real que tenemos ante
nuestra mirada. Por ejemplo, entender la situación de agresión y falta de
respeto ante la cual podríamos encontrarnos en una sala de clases: Entender sus
causas, motivos que la impulsan, formas de expresión, situación familiar de los
educandos… Estudiar la realidad de cara a ella, no es lo mismo que estudiarla
en la abstracción de un discurso lineal sobre la violencia que puede aparecer
en un libro. No digo que el libro no
sirva sino que es complemento… pero no sustituto de la realidad. El libro puede aclararnos algunos conceptos,
entregarnos algún lenguaje apropiado, algunas estrategias, precisamente, de
acercamiento a la realidad que nos preocupa y la cual debemos indagar. Recuerdo un profesor de cuarto básico que
acudió a la Universidad para pedir una intervención en el curso del cual era
profesor jefe… Se trataba de niños entre 9 y 11 años a quienes catalogó de tal
indisciplina, que le eran “Incontrolables”.
Recuerdo haber partido con una dinámica que dio por resultado que ante
un incendio, varios de ellos preferían esconderse en un armario o taparse con
sábanas y dejarse morir… No había caso, no querían vivir ¿La razón? Producto de
otra dinámica: la carta a un amigo desconocido y leal que guardaría el secreto:
varios contaban que sólo molestaban en su hogar, que tenían miedo a la
violencia del padre alcoholizado, la madre ya sin paciencia… Otros… acusaban
ser abusados sexualmente y no ser creídos o encontrados culpables y no contar
con el apoyo de la madre. Uno de ellos,
prometía salir de su flojera y tener la casa limpia, los platos lavados y ninguno
roto, para cuando llegara su madre del trabajo, quien lo amenazaba con
abandonarlo si no hacía bien las cosas… Y el profesor, que los veía a diario y
ya por cuatro años, no tenía idea…
Para hacernos cargo de la realidad
de cualquier realidad y llevarla hasta un salón de clases para tratarla con los
alumnos y/o apoderados, sin herirlos, sin exponer sus vidas privadas, el cine
nos entrega un aporte pedagógico incalculable; pues a través de su ficción
podemos llevar, en un lapso de dos horas, la violencia tal cual se da en
situaciones reales de vida: así, podemos presenciar la historia de una agresión
física y psicológica desde sus inicios y hasta su culminación; aprehendiendo a
través de ella lo que ocasiona el grito, la humillación, la tolerancia de lo
intolerable y, al final, la liberación y la búsqueda de la identidad perdida.
El cine, nos recrea una realidad sin desintegrarla; pues al igual que la vida
real, hace uso de un lenguaje no lineal. Nos permite conocer todos los factores
que inciden; la historia misma de cómo se fueron dando; los personajes
involucrados y sus formas de actuar e influir en ella.
Una pedagogía experiencial necesita
instalarnos en la realidad misma para que, por empatía, accedamos a ella
experiencialmente; a través no sólo de una observación directa, sino íntimamente,
esto es, haciéndola formar parte de nuestras propias experiencias de vida
–acogiéndola- para luego entenderla comprensivamente. A ello aludimos cuando decimos “me pongo en
el lugar de”, “siento en carne propia lo que te ha pasado”. Se trata, entonces, de imaginarse
intelectiva, moral y afectivamente lo que otros han vivido; es lo que también
se logra con las historias fílmicas que mágicamente, con el uso de los recursos
del lenguaje cinematográfico, nos introducen en un mundo que, aunque sabemos ficticio,
nos hace sentir lo que viven los personajes: nos enojamos con ellos, reímos,
lloramos, criticamos, damos consejos… El espectador de cine, en la medida que
conoce todos los elementos que conforman una situación: quienes son los buenos,
los que mienten, los engañados, las intenciones de los personajes, sus
fortalezas y debilidades, etc., entiende la realidad, por ello, puede “hacerse
cargo” de ella y, seguidamente, “hacer los cargos que corresponda”, esto es,
“cargar con la realidad”.
c.2) “Cargar con la realidad” implica determinar y analizar los distintos grados de
responsabilidades que se articulan en una situación; distinguiendo entre
causas, influencias y condiciones. La causa es la determinante. Si no tienes el
don o virtud del canto, por ejemplo, jamás podrás cantar bien, aunque tengas la
oportunidad de acceder a los mejores maestros de canto. Pero si cantas bien, la
causa es tu don y tu esfuerzo por realizarlo; el maestro ha sido una buena y a
lo mejor gran influencia o apoyo positivo, que ha facilitado la acción de la
causa que es siempre íntima, pero no es determinante de tu realización; pues
somos libres. Ahora bien, podrás saber cantar; pero si estás afónico o estás en
un recinto donde se debe guardar silencio; hay que esperar o hacer algo para
que cambien las condiciones. En otras
palabras, la causa es determinante; las influencias y condiciones, no. Existiendo la causa –el talento- el ser
humano puede superar toda influencia y condicionamientos, como también puede no aprovechar las influencias y
condicionamientos positivos: Tiene talento, lo medios óptimos para aprender, el
tiempo y lugar apropiado, pero la falta de voluntad o inseguridad, inhibe la
actuación de la causa, esto es, la actualización de su talento. Superados los vicios o debilidades, podrá
realizarse si lo hace “a tiempo”; pues algunos talentos son condicionados por
el paso del tiempo, a tal punto, que se vuelven un “imposible de realizar”;
ejemplo, el tenis a gran nivel, la danza.
Las causas son siempre íntimas o internas (La causa de que el vidrio se
quiebre con una piedra es su fragilidad; si no fuera frágil, no se rompería ni
con un balazo. Influencias para que la
fragilidad actúe son muchas: agua hirviendo, un terremoto, un alunizaje… Cargar la realidad, entonces, implica tener
claridad sobre cuáles son las causas de un actuar y qué lo motiva o influye,
condiciona.
c.3) “Encargarnos de la realidad” implica estar en condiciones de poder asumir la propia
responsabilidad frente a quienes nos hemos comprometido. Somos educadores; algo
debemos hacer frente al dolor, abandono,
violencia que sufren nuestros educandos; no podemos asumir una actitud
de irresponsabilidad o de inoperancia. Ser responsables implica responder de
las consecuencias de lo que hacemos y de lo que no hacemos. Por supuesto que
para ello, tal como hemos visto, es necesario hacerse cargo de la realidad,
luego cargar con ella y, ahora, encargarnos (responsabilizarnos) de ella;
preguntarnos, entonces, qué debemos hacer ante tal situación.
Cuando damos espacio y derecho a
cualquier acción injusta, sin hacer nada, no sólo aumentamos el daño a quien ha
sido injustamente agredido, sino que dificultamos la convivencia en paz de un
curso y damos lugar al mal ejemplo.
Recuerdo una noticia: Se informaba que tres estudiantes de enseñanza
media habían abusado de una compañera delante de otros estudiantes que hicieron
caso omiso de los gritos de auxilio e intentos de huida de la estudiante.
Arrastrada por el suelo; fue reiteradamente abusada sobre un escritorio; en la misma
sala de clases. ¿Los profesores? Pareciera que no existían. Resultado de esto y
de la denuncia efectuada por la alumna y su madre, la víctima debió ser
retirada del Liceo pues por razones obvias, no podía ni psicológica, ni moral o
socialmente, seguir compartiendo con quienes la habían abusado y con quienes lo
habían permitido. Sus victimarios, en cambio, siguieron en “su Liceo”, como si
nada hubiese ocurrido… En ética, a este
actuar se llama “actuar mal con agravante de escándalo”, pues con el ejemplo se
avala el mal actuar y no se corrige, con lo cual los observadores también son
moralmente dañados.
Debemos asumir nuestra
responsabilidad; atrevernos a mirar, ver y tomar las riendas para guiar a
quienes nos corresponda por buenos caminos y, si no existen, construirlos…
Buscar o crear un buen material en el cual los educandos descubran y logren
discernir y entender el buen y mal actuar, la diferencia entre virtudes y
vicios, se planteen dilemas éticos… Liderar para instar a otros a colaborar en
la misma ruta, elaborar planes de acción o programas educativos y, así, formar
en valores para erradicar la maleza y sanar las heridas de muchas almas.
Alfonso López Quintás, afirmaba en
el libro que escribiera junto a Gustavo Villapalos: “La responsabilidad es siempre
proporcional a la dignidad. La dignidad de quien consagra su vida a orientar a
niños y jóvenes es muy alta. Se hace responsable del futuro de estas personas
y, consiguientemente, de la sociedad”
d) Antes de hacernos cargo de la realidad, debemos hacernos cargo de
nosotros.
Entender o
entendernos no es fácil. Por ahora, digámoslo en forma simple: Somos lo que
hemos ido haciendo de nosotros a lo largo de nuestra trayectoria de vida; en
ello debemos incluir lo que podíamos o debíamos haber sido y no fuimos y lo que
podríamos o deberíamos ser y aún no realizamos. Generalmente, entender nuestro
propio actuar personal, es mucho más complejo que entender el de otros… A
veces, la explicación o comprensión de una actitud, decisión o comportamiento
está en la interpretación o sentido que hemos dado en el pasado a una
experiencia que, para otros, podría no tener mayor incidencia. Analizarnos moralmente es difícil, influyen
sentimientos y un pasado que no es recordado tal cual ocurrió. Además, el pasado ya fue, no es modificable;
la esperanza está en proyectar un futuro que aún no es. Es algo que todo educador debe tener
presente, para alentar al alumno a superarse y no aplastarlo, haciendo hincapié
en el error ya pasado.

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