Lilian Arellano
Rodrìguez
Cuando
decimos “yo” amo, estudio, corro…. Aludimos a un ser único, íntimo, consciente
(aunque no siempre) de su ser y actuar… un ser indivisible, en el que, si
distinguimos dimensiones, es en orden a estudiar la complejidad propia de su
riqueza de ser. Así, decir “Estoy
afectivamente mal”, no significa que sólo está afectada esa dimensión, como si
se tratara de la pieza de un rompecabezas que si está defectuosa, sólo hay que reparar o cambiar por otra, ya
que no afecta a las demás, ni al todo.
No estamos compuestos de partes yuxtapuestas (una al lado de otra) sino
que somos un ser unitario que, según la situación de vida que estamos viviendo,
es el aspecto o dimensión que influye más o menos en lo único real que es el
todo. Es a esta indivisibilidad, unidad
real, a la que quiero aludir cuando digo que somos seres
“unipluridimensionales”. Por ello, es
importante el ambiente educativo, desde el punto de vista de la comodidad para
escuchar, ver, sentarse, aire, luminosidad… buen trato, afectividad, respeto,
lenguaje… forma de entregar los conocimientos, trabajo colaborativo, salud de
los participantes, capacidad de expresarse y de escuchar…
Educación de la corporalidad: Debemos educar nuestras
sensaciones, percepciones, movimientos, de tal forma la corporalidad nos
presente, represente y sea un medio de realización personal. Aunque mi esencia no sea de índole corporal,
es la corporalidad –aquí, ahora- la que tiene la misión de expresar nuestra
presencia. Digo expresar, pues las cosas
se muestran, las personas se expresan.
En la expresión, a través de un aspecto se presenta un todo invisible. Es a lo que se refería el Principito de Saint
Exupery, cuando decía: “Lo esencial es invisible a los ojos”. A través de la mirada expresamos
sentimientos, estados de ánimo, quien soy.
Nuestra postura corporal puede expresar rechazo, juegos de seducción,
agresividad, creencias… El ser humano se degrada cuando rebaja su corporalidad
a cuerpo y sólo lo muestra; es el caso de la pornografía, la prostitución, algunos concursos en los
cuales la persona es reducida a “exposición canina”. A través de la corporalidad la persona
expresa toda su historia biográfica…
A través de nuestra corporalidad danzamos,
marchamos, expresamos nuestras ideas; en fin, nos realizamos. Hay que educar el oído para distinguir la
música del ruido; educar la mirada para apreciar la belleza y distinguirla de
la fealdad… Nuestra corporalidad se viste y simboliza ideas, ritos,
situaciones: los indios pintan su rostro para representar situaciones de paz o
guerra, los soldados marchan con bototos para simbolizar fuerza; el joven
regala un anillo de compromiso; la persona se viste de distinta forma si va a
dormir, a casarse o al trabajo… Las personan rinden homenaje a su patria a
través de una bandera o besan el suelo en señal de respeto.
Por
ello, el ser humano, desde siempre tiene un ritual de la muerte y entierra los
cuerpos, porque ellos representaban la historia de una vida única…
Educación de la
afectividad:
Debemos educar nuestros afectos, sentimientos, emociones. Todos tenemos la capacidad de amar pero
debemos aprender a amar y ser amados. Aprender a distinguir entre amar querer, amor y obsesión. El mundo de los afectos es amplio, complejo y
puede confundirnos: cariño, soledad, angustia, temor, miedo, inseguridad,
sobrestimación, amor de amistad, amor de pareja, amor a la humanidad o al
semejante, amor pedagógico…
A
veces, el problema no es la falta de amor sino el no saber expresarlo o una
herida no superada. Es una prueba de que
no podemos perder de vista la unitariedad del ser humano. Es interesante el film “La amante Camille Claudel”, la historia real
de la amante del escultor Rodán quien se destruyó a sí misma porque no amó a
Rodán sino que se transformó en una pasión u obsesión de vida, a tal punto que
terminó muy joven en el manicomio.
Educación de la
moralidad: Todos
somos honestos, justos… pero en potencia que hay que educar: aprender a
respetar, a ser considerado, prudente, generoso, responsable, laborioso,
agradecido, fuerte... Las virtudes son
muchas y, en la medida que no las actualizamos, se actualizan los vicios que
también son hábitos: deshonestidad, injusticia, irrespetuosidad,
desconsideración, imprudencia, irresponsabilidad, flojera, ingratitud,
debilidad…
Educación de la
sociabilidad: Cada
uno de nuestros actos afecta a los demás: Somos hijos de…, amigos o enemigos
de…, vecinos de…, profesor o alumno de..., jefe o subordinado de…, ciudadanos
de… y todo ello hay que aprender a serlo.
Aprender a compatibilizar en forma justa el bien personal con el bien
común que, si es verdadero bien, perfecciona a
todos y a cada uno de los integrantes de un ámbito social. Aprender a convivir en paz que es armonía,
proporción y justicia que es equidad.
Aprender a dar y recibir lo justo: no más ni menos de lo que se
debe. Aprender a cumplir con el deber
para tener derechos, pues donde todos piden derechos pero nadie cumple con su
deber no se puede vivir; como tampoco a la inversa.
La sociabilidad es un tema de gran interés educativo:
educación para la convivencia familiar, educación ciudadana, educación para la
convivencia escolar, educación para la convivencia en diversidad.
Educación de la
intelectualidad:
Debemos educar nuestro entendimiento, discernimiento; nuestra capacidad de
encuentro con la verdad real y con la expresión de la misma, aprender a indagar
y a enseñar la verdad aprender a expresarla sin desvirtuarla.
Educación de la
esteticidad:
Debemos aprender a descubrir, admirar y gozar de la belleza de la naturaleza y
de la obra de arte; de la belleza del ser personal… Aprender a cultivar la
belleza natural y artística…
Educación de la
transtemporalidad:
Nuestro tiempo no es lineal: No son lo mismo 5 minutos en la antesala del
dentista, en un examen difícil, en una celebración o junto a quienes amamos…
Nuestra existencia es biográfica: hay personas que pueden haber vivido mucho
tiempo y no haber realmente “vivenciado nada”… Nuestra existencia se va
construyendo con aprendizajes que van formando parte del tesoro acumulado a
modo de recuerdos… Pero debemos aprender a distinguir entre lo que hay que
atesorar y lo que hay que poner en la bolsa de la basura y desechar: no
anclarse en el pasado que pasó, sino mirar el futuro para en el presente hacer
proyectos: quién quieres ser, cómo lo serás, qué deberás entonces hacer, No vaya a suceder que llegados al final de
nuestra vidas actuales… nos demos cuenta que, realmente, no hemos vivido por
olvido de nosotros mismos y no descubrimiento de quienes debíamos amar.
Educación de la
transespacialidad:
Aprender a habitar el espacio, a transformarlo en ciudad, en hogar, escuela,
universidad… Tema importantísimo y tan
dejado de lado por los profesores. No
sólo necesitamos un espacio donde estar sino que necesitamos un lugar para
realizarnos, hacerlo nuestro, que nos exprese.
Cuando digo “hacerlo nuestro”, no me refiero a un nuestro de propiedad
sino de vínculo, de compromiso, de amor.
Ese nuestro –y vuelvo al Principito- de la rosa que es única porque tú
la cultivaste, a ella dedicaste momentos de tu vida; el mismo nuestro cuando
con nostalgia echamos de menos “mi casa”, “mi barrio”, mi ciudad”, “mi país”,
“mis amigos...” No se trata de “tener”
una casa sino de educarse para ser capaz de formar un hogar; construir un
pueblo, una ciudad, un país, una escuela, una plaza…
Educación de la
religiosidad:
Debemos educarnos para distinguir ignorancia de misterio. De las ignorancias, el hombre puede salir por
sí mismo; de los misterios no; pues nos referimos a preguntas por el antes y
después de esta vida. ¿Por qué y para
qué fuimos creados? ¿Existe el Bardo? ¿Por qué nacimos precisamente aquí, en
esta familia y tiempo? Cada religión
tiene sus creencias; cada persona las tiene… Lo importante es estar consciente
de ello e insisto: respetarnos. Todo
credo que saca a luz lo mejor de ti, es muy respetable. Por supuesto, el estudio de esta dimensión
es extenso complejo; su educación lo es más.

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